Machado, Manuel. Dos poemas cantados por Juan Peña "El Lebrijano" | Machado. Revista de estudios sobre una saga familiar.

Manuel Machado. Dos poemas cantados por Juan Peña “El Lebrijano” (De su albúm Casablanca). Enlaces.

Posted By on marzo 25, 2011

Manuel Machado. Dos poemas cantados por Juan Peña “El Lebrijano” (De su albúm Casablanca).

En ambos poemas: Letra, Manuel Machado, y Música, Juan Peña, Diego Carrasco y Jesús Carmona.

Albúm Casablanca: El “Lebrijano” con La Orquesta Arábigo Andaluza.

Los dos poemas pertenecen al libro “CANTE HONDO”, de Manuel Machado, publicado en 1912.

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LA COPLA ANDALUZA

Del placer, que irrita,
y el amor, que ciega,
escuchad la canción que recoge
la noche morena.

La noche sultana,
la noche andaluza,
que estremece la tierra y la carne
de aroma y lujuria.

Bajo el plenilunio,
como lagrimones,
como goterones, sus cálidas notas
llueven los bordones.

Son melancolía
sonora, son ayes
de las otras cuerdas heridas, punzadas,
las notas vibrantes.

Y en el aire, húmedo
de aroma y lujuria,
levanta su vuelo – paloma rafeña -
la copla andaluza.

Dice de ojos negros
y de rojos labios;
de venganza, de olvido, de ausencia,
de amor y de engaño …..

Y de desengaño;
de males y bienes,
de esperanza, de celos …., de cosas
de hombres y mujeres.

Y brota en los labios,
soberbia y sencilla,
como brotan el agua en la fuente,
la sangre en la herida.

Y allá va, en la noche,
paloma rafeña,
a decir verdad a lo lejos,
triste, clara y bella.

Del placer, que irrita,
y el mor, que ciega,
escuchad la canción que recoge
la noche morena.

LA COPLA ANDALUZA



EL QUERER.

En tu boca roja y fresca
beso, y mi sed no se apaga:
que en cada beso quisiera
beber entera tu alma.

Me he enamorado de ti;
y es enfermedad tan mala,
que ni la muerte la cura,
según dicen los que aman.

Loco me pongo, si escucho
el ruido de tu falda;
y el contacto de tu mano
me da la vida y me mata.

Yo quisiera ser el aire
que toda entera te abraza;
yo quisiera ser la sangre
que corre por tus entrañas.

Son las líneas de tu cuerpo
el modelo de mis ansias,
el camino de mis besos
y el imán de mis miradas.

Siento, al ceñir tu cintura,
una duda que me mata:
que quisiera, en un abrazo,
todo tu cuerpo y tu alma.

Estoy enfermo de ti;
de curar no hay esperanza:
que, en la sed de este amor loco,
tú eres mi sed y mi agua.

¡Maldita sea la hora
en que penetré en tu casa,
en que vi tus ojos negros
y besé tus labios grana!

¡Maldita sea la sed,
y maldita sea el agua! …..
¡Maldito sea el veneno
que envenena y que no mata!.

EL QUERER



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