ANTONIO MACHADO. "UN CASO DE INTERTEXTUALIDAD ENTRE MANUEL Y ANTONIO MACHADO", por MIGUEL ÁNGEL BAAMONDE. | Machado. Revista de estudios sobre una saga familiar.

ANTONIO MACHADO. “Un caso de intertextualidad entre MANUEL y ANTONIO MACHADO”, por MIGUEL ÁNGEL BAAMONDE.

Posted By on septiembre 17, 2011

UN CASO DE INTERTEXTUALIDAD ENTRE MANUEL Y ANTONIO MACHADO.
por Miguel Ángel Baamonde (2011).

UN CASO DE INTERTEXTUALIDAD ENTRE MANUEL Y ANTONIO MACHADO.

1.

En el invierno de 1908, desconocemos la fecha exacta de su composición (1) , Antonio Machado escribe un poema que, como abandonado sobre su escritorio en aparente descuido, está destinado a que Leonor, la hija de su pupilera como con manifiesta injusticia escribe Villaespesa en carta posterior a Juan Ramón Jimenez quejándose del silencio de ambos Machado (2), lo lea, como él sabe que suele hacer con sus borradores mientras arregla su habitación a lo largo de la mañana, pues debido a motivaciones como su innata timidez y la diferencia de edad no ser atreve a descubrir abiertamente su enamoramiento. Se trata de una declaración encubierta, que solo al final, cuando la furtiva lectora haya recorrido todas las insinuaciones previas –la intencionalidad que supone el episodio de la monjita, al igual que el aparente destino que pide para todas las bellezas que puedan salir al paso del poeta-, y llegue al final del poema, podrá darse cuenta cabal de la intención del mismo.

El poema se ampara en una cita del Hamlet: Ofelia, vete a un convento (3) y dice así:

¡Hoy he visto a una monjita 1
tan bonita!,
con esa expresión serena
que a la pena
da una esperanza infinita. 5
Yo pensaba: Tú eres buena;
porque diste tus amores
a Jesús; porque no quieres
ser madre de pecadores.
Más tú eres 10
maternal,
bendita entre las mujeres,
madrecita virginal.
Algo en tu rostro es divino
bajo tus cofias de lino. 15
Tus mejillas
-esas rosas amarillas-
fueron rosadas, y luego,
ardió en tus entrañas fuego,
y te abrazaste a la cruz 20
y ya eres luz, solo luz,
¡ Todas las mujeres bellas
fueran, como tú, doncella,
en un convento a encerrarse!…
Y la niña que yo quiero 25
¡ay!, preferirá casarse
con un mocito barbero (4)

El poema gustó al enamorado Antonio, tanto por los positivos resultados propiciados por su lectura, como por él mismo, de tal forma que celebrado ya el matrimonio con Leonor se aventura a publicarlo en La Lectura, en Septiembre de ese mismo año (5), y más tarde lo integra, convenientemente arropado por añadidos que ocultan –y pienso que esa era la intención de los mismos- el sentido original de la composición, en la única edición independiente de Campos de Castilla, bajo el título En tren, y en la penúltima de sus secciones: Humoradas.

Bastante más ampliada, como puede verse, la composición, en el orden numérico general de sus PC como CX, es como sigue:

Yo, para todo viaje
-siempre sobre la madera
De mi vagón de tercera-,
Voy ligero de equipaje.
Si es de noche, porque no
Acostumbro a dormir yo,
Y de día, por mirar
Los arbolitos pasar,
Yo nunca duermo en el tren,
Y, sin embargo, voy bien.
¡Este placer de alejarse!
Londres, Madrid, Ponferrada,
Tan lindos… para marcharse.
Lo molesto es la llegada,
Luego, el tren, al caminar,
Siempre nos hace soñar;
Y casi, casi olvidamos
El jamelgo que montamos.
¡Oh, el pollino
Que sabe bien el camino!
¿Dónde estamos?
¿Dónde todos nos bajamos?
Frente a mi va una monjita 1
Tan bonita!
Tiene esa expresión serena
Que a la pena
Da una esperanza infinita. 5
Y yo pienso: Tú eres buena;
Porque diste tus amores
A Jesús; porque no quieres
Ser madre de pecadores.
Mas tú eres 10
Maternal,
Bendita entre las mujeres,
Madrecita virginal.
Algo en tu rostro es divino
Bajo tus cofias de lino. 15
Tus mejillas
-esas rosas amarillas-
Fueron rosadas, y, luego,
Ardió en tus entrañas fuego;
Y hoy, esposa de la Cruz, 20
Ya eres luz, y solo luz…
¡Todas las mujeres bellas
Fueran, como tú, doncellas
En un convento a encerrarse!…
Y la niña que yo quiero, 25
¡ay! ¡preferirá casarse
Con un mocito barbero!
El tren camina y camina,
Y la máquina resuella,
Y tose con tos ferina.
¡Vamos en una centella! (7)

Como es fácil adivinar las variantes entre el poema original y el posterior en el que se incluye, no son importantes y más obedecen a la intención de integrar el primero en el segundo, difuminando las alusiones más personales del mismo –Frente a mi en lugar de hoy en visto…; y yo pienso por yo pensaba; y quizá la más directa: doncellas por doncella. El poema parece contar con un antecedente, apenas un terceto que condensa toda la intencionalidad que desarrollará a lo largo del original. Dice así:

Porque nadie te mirara
me gustaría que fueras
monjita de Santa Clara.

y todo él permite suponerle el carácter de borrador inicial del mismo, resultando imposible el datarlo dada que la única referencia del mismo es su inclusión en carta a Pilar de Valderrama, en respuesta a las caprichosas peticiones de la poetisa deseosa de autógrafos originales, no sabemos con que fin, y que el poeta solventaba remitiéndole olvidados apuntes, algunos de ellos fechados con antigüedad suficiente como para deducir una personal falta de interés en el requerimiento y sin conexión alguna con el contenido de la carta en la que se insertan.
Pero todo lo anterior tiene poca, o ninguna, relación con la puntualización que intentamos exponer, y para centrar la misma hay que detenerse en los versos 20 y 21 de la composición original:

Y te abrazaste a la Cruz
y ya eres luz, solo luz.

con las variantes posteriores, posiblemente más meditadas, que son las que han quedado reflejadas en su redacción final:

Y hoy, esposa de la Cruz
Ya eres luz, y solo luz….

que puntualiza tanto el sentido del verso como el destino del personaje, concediéndole, no obstante, un vago aire de indeterminación en el futuro personal al concluir el segundo de los versos en puntos suspensivos, de lo que está ausente el original al cerrarse con punto, como afirmación de la vocación de la monjita. Y en esta confirmación del destino monjil se centra tanto la anécdota que le ha servido de excusa como la tentación que lo ha movido a escribir el poema; los celos que ha motivado el mocito barbero, la aparente indefensión en la que cree estar frente a Leonor, indefensión acrecentada por la diferencia de edad entre ambos, y las inevitables dudas de que no lleguen a cuajar las ilusiones nacidas en su corazón, lo llevan a desear para la otra persona un destino similar al de la monjita entrevista en uno cualquiera de sus viajes para que quede pura y limpia en sus deseos.

Por su parte Manuel Machado, que había abandonado la Poesía como tal tras la publicación de Ars Moriendi en 1921, por considerar que su trabajo de poeta estaba sobradamente cumplido (abandono del que se retractará, obligado por compromisos de varia índole, entre ellos su ubicación geográfica al estallar la rebelión armada), reinicia sus publicaciones en el año 1936 con el titulado Phoenix y continuándolas con dos títulos menores en su bibliografía: Horas de Oro y Cadencias de cadencias, de 1938 y 1943 respectivamente. Menores, al igual que el primero de los mencionados por no aportar, en ninguno de los casos, novedad creativa, dado que se trata de encargos más o menos forzados u obligados, originales acumulados y dispersos en peticiones particulares de prólogos y otros compromisos, como fue el caso manifiesto del primero accediendo a la insistencia de Manolo Altolaguirre (8), obedeciendo el segundo a la necesidad de apuntalar el nivel cultural de la España alzada en rebelión, recopilando poemas publicados en periódicos y revistas del momento, a los que se añaden originales de mérito más bien escaso y otros recogidos de anteriores publicaciones (9). No es esta, sin embargo, la motivación de su último libro, bastante mediocre en su conjunto y que nada añade a la ya suficientemente revalidada gloria poética que lo rodea.
Es este último libro el que aquí importa, que da fin a la sobrevivencia poética (10) del autor, en un melancólico sobreponerse a su propia decadencia tratando de mantener en alza la valía justificadamente ganada en las primeras décadas de la pasada centuria, conocida por todos como la Edad de Plata (11).
Se trata de un libro posiblemente de compromiso (desde luego arroja poca espontaneidad) en el que Manuel Machado hace recopilación de viejos poemas, algunos pertenecientes al lejano Tristes y Alegres inicial en colaboración con Enrique Paradas y que él reconstruye o adapta a la nueva publicación; otros pertenecientes a la época de su anterior libro o que posiblemente quedaron fuera del mismo por falta de espacio y algún que otro original que, sin embargo, nada añade a la gloria ya cimentada del poeta. La división de las diferentes partes que lo componen parece responder a un imperativo más de carácter erudito que de otro matiz cualquiera, pues resulta un tanto llamativo que el posible lector del mismo –no siendo los muy exquisitos o los académicos compañeros suyos- se aclaren con las palabras Epinicios, Proloquios, Epicedios y otras de carácter similar sin tener que recurrir al diccionario. En una palabra, se trata de un poemario de muy corto vuelo y tendente a mantener un estilo académicamente recargado y que, dada la época y la edad del autor, trata de esquivar en todo momento el libre vuelo de lo poético. Y no es esto indicativo necesario de una decadencia que, a ratos, se despereza y apunta hacia lo que el poeta fue y quizá pretenda volver a ser. Basta el ejemplo del poema dedicado a su hermano Antonio en el que une tanto el recuerdo de hermano y madre fallecidos en idénticas circunstancias (12). Abundan en él los poemas religiosos, que conforman todo un apartado, y que vienen a corroborar la inclinación poética, así como personal, de este último Manuel Machado arrepentido no sabemos de qué, pero sí contrito de gran parte de su pasado.
Y es en este apartado donde uno se tropieza con poema original, esta vez sí, que divide en circo coplas o estrofas numeradas con romanos, bajo el título general de Fides, Spes, Charitas, y numerada dentro de este conjunto como V la que más llama la atención, pues inclina a pensar en una traición del inconsciente o posible y encubierto homenaje a su hermano Antonio.
Pero veamos en primer lugar, y antes de proseguir, el poema en cuestión, que es de alguna forma una progresión hacia ese numeral V que compuesto tan solo de dos palabras parece condensar toda la intención del poeta.

I
Tranquilas glorias de hogar,
Santos días de labor…
Noble saber de esperar
En otra vida mejor…
Y callar…

II

Reza sin la inquietud
De un vago misticismo
Que asusta a la virtud…
Reza por tu salud
Siempre lo mismo.
… Siempre lo mismo.

III

Caminar para llegar…
No es caminar.

IV

A Dios ¿por el Amor?
¡Por el Dolor!

V

Cruz.
Luz.

Lo glosa, en lugar aparte con amplitud de detalles y explicaciones sobre el valor de la concentración poética (13), pero al lector atento, tanto de su poesía como de la de su hermano, no puede tardarle en venir a la memoria el de Antonio transcrito más arriba. Y me refiero concretamente a los versos 20 y 21 de la parte inserta en el más general y perteneciente a Campos de Castilla, con la numeración CX dentro de sus Poesías Completas. En estos versos Antonio hace especial hincapié en las dos palabras que las cierran: Cruz, que escribe con mayúscula, y luz, con minúscula. ¿Qué quiere decir el poeta al utilizar ambas palabras? Ateniéndonos al contexto, la novicia, o monja ya con votos, celebra esponsales con Jesús tal y como indica, esto es, se entrega a un amor de matiz espiritual, y es a partir de ese momento, el de la entrega que en este caso concreto viene a concretarse en la formulación de los votos, su vida adquiere una tonalidad distinta, al transformarse en luz iluminada como está por la bendición divina. Que esto se exponga en un poema de Antonio muy concreto, lo sitúa, por fecha e intención, dentro del contexto soriano y más limitadamente al de Leonor y su familia, diciendo mucho a favor del poeta que juegue, en tales momentos, con estos conceptos abiertamente catolicistas cuando es tachado, por los sorianos, de hereje y masón. Pero Antonio Machado no extiende el concepto más allá de ese entorno y esa época concreta, que se alarga hasta el fallecimiento de Leonor. No ocurre lo mismo con su hermano Manuel, que no solo limita, de acuerdo con lo manifestado en el escrito mencionado, a la delimitación conceptual, reduciendo a las dos palabras, aisladas entre sí por la puntuación, algo que puede ser expuesto con una mayor amplitud, lo que señala el hábil manejo del lenguaje en manos de un gran poeta, sino que amplía conceptualmente su significado. No hay que olvidar que ese poemilla final forma parte de un conjunto de cinco bajo un título claramente religioso y que es, dentro de su conjunto, la síntesis del mismo; tampoco, que a lo largo de esos años, y más especialmente en los tres de su obligada residencia en Burgos, Manuel Machado ha experimentado un profundo cambio en su forma de pensar y ver la realidad, cambio obligado en un principio por las circunstancias que lo rodean en esos momentos, pero que a la larga se manifiesta como sincero. ¿Quiere esto decir que obra muy alejado del pensamiento de su hermano, y que poco o nada tiene que ver este poema V con lo que Antonio manifiesta en el suyo? Sinceramente sí, pues lo que en Antonio es un escape momentáneo para atraer a sí a Leonor y transformar en realidad lo que lleva tiempo ensoñando, para Manuel no es otra cosa que la sincera expresión de un sentimiento religioso que ha calado profundamente en él, actuando de una forma inconsciente al reflejar su idea a través de palabras rememoradas de viejo poema de su hermano. Porque no creo que quepa duda alguna de que ese Cruz. / Luz. de Manuel se deba a un recordar motivado por la relectura de aquel otro poema y que dicha lectura le haya removido las entrañas del pensamiento o quizá pretenda rendir con él un homenaje, un tanto críptico –eso sí-, a su hermano.
Conocedor del quehacer poético de ambos, opto por inclinarme por la segunda opción, volviéndolos a unir en su siempre entrañable amistad a través de esas palabras que uno y otro repiten en sus particulares poemas.

Miguel Ángel Baamonde.
En Monforte de Lemos, 19 de Julio de 2011.

NOTAS.

(1) Su composición tuvo que ser entre los meses de Noviembre y Diciembre (con preferencia este último), pudiendo alargarse el período quizá hasta Enero del siguiente año. La motivación del mismo así lo indica. En mi Leonor. Memoria de la niña-esposa me inclino por el período anterior a las vacaciones navideñas, y allí expongo las razones que sustentan mi hipótesis, ya que no existen datos terminantes que señalen o aproximen una fecha concreta para su redacción. Remito al lector interesado en estos detalles a dicho trabajo, en periodo, todavía, de publicación.

(2) La carta, o fragmento de la misma, en Ricardo Gullón: Relaciones literarias entre Juan Ramón y Francisco Villaespesa; rev. Insula, núm. 149, Madrid, Abril 1959; posteriormente el propio Gullón reproduce el fragmento, que completo es como sigue: Otra vez, querido Juan, estamos como hace doce años, es decir, solos, pues Manuel Machado está imposible y agotado, Antonio apenas si hace un verso desde que se casó con la hija de su pupilera en Soria, y de los demás sinceramente no se puede decir que sean poetas, suprimiendo la parte correspondiente a Antonio, en: Relaciones entre Manuel Machado y Juan Ramón Jimenez, en Direcciones del Modernismo (Colec. Campo Abierto, Editorial Gredos, Madrid 1963; págs. 176-194, y su segunda edición, más ampliada, en Alianza Universidad, Madrid 1990: Relaciones Literarias-I; págs. 265-278). Nuestra cita está tomada de la biografía: Antonio Machado en su vivir, de Heliodoro Carpintero, Centro de Estudios sorianos, Soria 1989; pág. 77.

(3) La cita, como casi todas las que transcribe Antonio Machado, se ampara en su memoria, por lo que no responde con exactitud al texto shakesperiano, que es como sigue: We are arrant knaves, all; believe non of us. Go thy ways to a nunenry. Act. III, Scene I (Complete Works, Spring books, London, s.f. (¿1958?). La traducción de Astrana Marín (Obras Completas, Aguilar, Madrid 1951, décima edición; pág. 1364) es como sigue: … Todos somos unos bribones rematados, no te fíes de ninguno de nosotros. ¡Vete, vete a un convento!; frase que se repite en otras dos ocasiones a lo largo del diálogo.

(4) Obras. Poesía y prosa (OPP). Editorial Losada, Buenos Aires, 1964; pág. 743.

(5) Núm. 105, IX III; pág.31.

(6) No es Antonio Machado el único en tratar el tema de la monjita viajera, bastante popular entre los escritores de la época. Como ejemplo de lo dicho ver, por no recargar la nota, lo que Ortega y Gasset dice en sus Notas de andar y ver, El Espectador-III, en su epígrafe: La hermana visitadora (OC-II, Alianza Editorial, Madrid 1987; págs. 249-250).

(7) Se transcriben ambos poemas subrayando las diferencias existentes entre el original y el definitivo, siempre circunscritas, en el segundo poema –CX, En tren- a su parte central, con la única finalidad de facilitar las referencias en una lectura ecdótica de los mismos. En el segundo, la parte que importa, esto es, la inclusión del poema original, se transcribe en negritas para diferenciarlo del resto, numerándolo en relación con el original.

(8).- Ver tanto Miguel Pérez Ferrero: Vida de Antonio Machado y Manuel, Colec. Austral, núm. 1135, Espasa-Calpe, S. A., Buenos Aires 1952; págs. 197-198, y Gordon Brotherston: Manuel Machado, Taurus Ediciones, Madrid 1976; pág. 66.

(9).- Sobre este punto pueden consultarse con aprovechamiento la edición conjunta de Horas de oro y Cadencias de cadencias, preparada por Miguel D´Ors para la Universidad de Granada (Granada 1992) y el trabajo de Lusa Cotoner Cerdó: Génesis y evolución de los libros modernistas de Manuel Machado, EUB S. L., Barcelona 1996. En ambas publicaciones se lleva a cabo una exhaustiva recopilación de publicaciones de los poemas que integran dichos libros.

(10).- Es este de la sobrevivencia aspecto interesante que apenas he visto tocado por los investigadores de turno. En teoría se sobrevive aquel intelectual o artista –poeta, novelista, pintor, músico o escultor- que extiende su quehacer hasta los últimos años de vida, en un intento de mantenerse en primera línea aun en contra de las nuevas generaciones emergentes y que, aferrado a ello, sostiene su última, y por lo general poco afortunada, labor, que si es tenida en cuenta por los valores recién llegados es más por lo pretérito que por sí misma. No es caso único el de Manuel Machado; otros muchos nombres podrían traerse a mención –los casos de Benavente y Azorín podrían ser algunos de los más significativos-, pero dadas las características del trabajo, han de quedar para ocasión más propicia a tal indagación.

(11).- Término que acuñado por José Carlos Mainer (La Edad de Plata, Ediciones Cátedra, Madrid 1981) ha pasado, tras su aceptación general, la época inicial del siglo XX, previa a la incivil Guerra Civil.

(12).- Ecos, nunca recogido en libro. En sus PC (Renacimiento, Sevilla 1993; pág. 714) en la sección Poesía dispersa. Como aportación bibliográfica al mismo: Diego, Gerardo: Ecos, ABC 29-I-1975.

(13).- La rima consonante. Otra de las características, al parecer externas, de mi obra, es la preferencia que acaso me conocéis por la rima consonante. No creo, en el fondo, que haya otra, pues la asonante, empleada sobre todo por el pueblo, no es sino la persecución –que se queda en el camino- de la más completa y perfecta, a la que siempre tiende, si, lo observamos bien.
Además, para mí, la rima no es solo el elemento poético que opera, en orden a la memoria, y a la que pudiéramos llamar temporalización del poema, sino también a su personalización. Es, a veces, el poema todo. Un ejemplo. Cuando yo rimo estos dos monosílabos
cruz
luz

no necesito añadir más para una completa inscripción religiosa y cristiana. Queda “perfecto” un verdadero poema lapidario. Unos versos, un alma, una época. Discurso de ingreso en la RAE, Madrid 1944; págs. 73-74. El fragmento transcrito está tomado de la edición preparada y prologada por Alfredo Carballo Picazo para Alma. Apolo, (Colec. AULA MAGNA, núm.13, Ediciones Alcalá, Madrid 1967; pág. 229), y adelanta bastante la fecha de composición del poema, dado que la cita proviene del discurso de ingreso mencionado, ingreso que tuvo lugar en San Sebastián el día 19 de Febrero de 1938, siendo la publicación del poema en Cadencias de cadencias, en el año 1943.

Share

Sobre el Autor

Comments

Leave a Reply