ANTONIO MACHADO. "De pena y de dolor, en el exilio, siempre fiel a sus ideales republicanos, murió el poeta, Antonio Machado". España Democrática, 3 de marzo de 1939 (Montevideo - Uruguay). | Machado. Revista de estudios sobre una saga familiar.

ANTONIO MACHADO. “De pena y de dolor, en el exilio, siempre fiel a sus ideales republicanos, murió el poeta, Antonio Machado”. España Democrática, 3 de marzo de 1939 (Montevideo – Uruguay).

Posted By on febrero 22, 2012

ANTONIO MACHADO.

Hoy, 22 de febrero de 2012, se cumplen 73 años desde su muerte en Collioure (Francia) el día 22 de febrero de 1939.

España Democrática, 3 de marzo de 1939 (Montevideo – Uruguay).

En esta fecha el periódico España Democrática, editado en Montevideo (Uruguay), Órgano del Comité Nacional pro Defensa de la República Democrática Española, publica este articulo sobre la muerte en Collioure (Francia) de Antonio Machado.

En las páginas núm. 5 y 6 se lee el artículo que transcribimos:

“De Pena y Dolor, en el Exilio, Siempre Fiel a sus Ideales Republicanos, Murió el Poeta, Antonio Machado.

Asesinado Federico García Lorca, era Machado la mas alta expresión de la poesía lírica.

Dejó de Existir en un Campo de Concentración (1) en Francia, Confundido Entre la Multitud de Evacuados a Raíz De la Caída de Cataluña.

A los sesenta y cuatro años de edad.

Maduro físicamente, pero en la plenitud de sus facultades creadoras, muere en un campo de concentración en Francia, uno de los valores más altos de la poesía castellana contemporánea: Antonio Machado.

Asesinado García Lorca en los primeros instantes de la sedición, Antonio Machado pasa a ser la más alta expresión del lirismo hispano.

Distintos caminos, llevan al mismo destino a los dos más grandes poetas líricos españoles.

Federico, muerto a balazos, asesinado por la espalda, sobre la cinta blanca de una carretera bajo el cielo de Granada.

Machado, confundido entre la multitud de hombres, mujeres y niños, que desde hace casi tres años sufren la más dolorosa de las tragedias, puso punto final a su emocionante peregrinaje a través de los campos de su patria, muriendo de dolor y de pena, en un campo de concentración, bajo el cielo de Francia.

Triste, doloroso destino, el de estos dos grandes de las letras españolas.

Triste y doloroso, pero heroico.

Han muerto los dos, confundidos con los ideales de su pueblo; defendiendo su libertad y su derecho; en el terreno que les correspondía hacerlo; demostrando al mundo que la reacción fascista, encarnaba fundamentalmente la negación de la cultura.

En los comienzos de la guerra, Machado estaba en Madrid; no titubeó un solo instante en declararse defensor de la causa de su pueblo criminalmente agredido.

Su puesto no podía estar en las trincheras, pues su edad ya avanzada, le impedía allí desempeñarse. Pero lo encontró en otro terreno.

Lo encontró en la producción intelectual. Desde el día mismo de la sedición, su pluma adquirió temple de espada y la puso sin condiciones al servicio de la República.

Formó con Rafael Alberti, Juan Ramón Jiménez, Concha Méndez, Altolaguirre, Emilio Prados, María Teresa León, Pedro Garfias, Manuel Hernández, León Felipe y otros no menos prestigiosos, un núcleo seleccionado de las letras hispanas, que se concretó en una tarea tan importante, como la desarrollada por los milicianos en los frentes.

Y bien puede decirse que también ellos son milicianos; algunos, como Hernández, Garfias, Alberti y Prados, estuvieron fusil en mano, con el característico over-all caqui, defendiendo a balazos la libertad de España en los frentes de batalla; pero el frente que la República les había reservado a estos hijos predilectos era otro: era el frente de la cultura.

Allí debían cumplir su deber fundamental los intelectuales españoles.

Tenían que demostrar al mundo la falsedad de la propaganda fascista, que tratando sembrar la confusión, aseguraba que la sedición encabezada por Franco con los moros semisalvajes y musulmanes del tercio, y apoyada por italianos, alemanes y portugueses, había estallado para “salvar” la cultura, la civilización y la religión católica.

Y lo hicieron: su pluma ha ido día a día, pulverizando una a una, todas las mentiras de los facciosos. Pero hubo algo fundamental que ayudó a estos hombres a cumplir la misión. La ejecutoria fascista.

Todo lo que valía en España en el terreno del pensamiento, hacía largos años que habíase pronunciado en favor de la República. Desde antes de caer la monarquía.

La reacción aguardaba tomar su revancha sobre estos hombres.

Todo lo pensante que había en España y que no estaba en territorio leal, fue perseguido y maltratado.

Desde don Miguel de Unamuno, que en un momento dado hubo de hacer un pronunciamiento contrario a las convicciones que profesara durante toda su vida, para después, en el umbral de la muerte hacer la rectificación.

El asesinato del joven poeta granadino, autor de “Bodas de sangre”, asesinato frío y alevoso, dijo también al mundo la verdad sobre los “salvadores”.

Y el grito de Millán Astray, hecho ya célebre de “Viva la muerte, abajo la inteligencia”, dió al universo entero la definición exacta de la catadura moral, intelectual y política de los sediciosos.

España perdió en la guerra al mejor de sus poetas jóvenes, pero conservó hasta ayer al lírico más castizo y puro de su guardia vieja.

La convicción republicana de Machado, nos la da claramente el hecho de que rompió sus relaciones con su hermano Manuel (2), a quien la rebelión encontró en Sevilla y con cuya colaboración había escrito su obra conocidísima “La Lola se va a los Puertos”, representada en los escenarios del Río de la Plata.

El autor de “Soledades” – su obra máxima – nació en Sevilla en 1875. Sus padres preocupáronse por dotarlo de una educación esmerada, estudiando en Madrid. Gustaba de evocar su vida a través de sus versos; y en eso era autobiográfico,

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla

y un huerto claro donde madura el limonero;

mi juventud, veinte años en tierra de Castilla.

En 1903 publicó “Soledades”, que en 1907 refundió con nuevas poesías denominando a la nueva edición “Soledades, galerías y otros poemas”.  En esta obra, considerada la expresión máxima del poeta, rezuma el aliento de los clásicos. El sedimento de la tradición literaria es tan grande en los versos de Machado, que era considerado el poeta más auténticamente nacional. A diferencia de su hermano Manuel, en cuyas poesías hay abundantes reminiscencias de la civilización árabe, Antonio era la perfección y el pensamiento clásicos, la continuidad armónica de la raza en la que actualiza la herencia de los primitivos Gonzalo de Berceo, Santillana y el Arcipreste de Hita, y de los maestros del siglo de oro.

Admiraba a Rubén Darío.

Machado tenía una gran admiración por Rubén Darío del que fue muy amigo. Muchos han querido ver en su obra influencia del poeta nicaraguense. Las palabras que en una oportunidad escribió el vate que acaba de fallecer sobre el autor de “Prosas profanas” aclara muy bien en que medida se ejerció esa influencia y además, cual era el objetivo estético de Machado.

“Y también – dice – admiraba al autor de “Prosas profanas”, el maestro incomparable de la forma y de la sensación, que más tarde nos reveló la hondura de su alma en cantos de “Vida y de esperanza”. Pero yo pretendí – y reparen que no me jacto de éxitos sino de propósitos – seguir camino bien distinto. Pensaba yo que el elemento poético no era la palabra por su valor fónico, ni el color no la linea, ni un complejo de sensaciones, sino una honda palpitación del espíritu, lo que pone el alma, si es que algo pone, o lo que dice, si es que algo dice, con voz propia, en respuesta animada al contacto del mundo”.

En pocas palabras el poeta explicó el verdadero sentido de su poesía y de sus propósitos, y la admirable sencillez de sus versos confirma esa aspiración tan modesta expresada en aquellos versos:

Converso con el hombre que siempre va conmigo,

- Quien habla solo espera hablar con Dios un día -,

mi soliloquio es plática con este buen amigp

que me enseñó el secreto de la filantropía.

Bajo el estruendo de las bombas que arrojaban los aviones italo – alemanes sobre las pòblaciones indefensas de las ciudades y villas de España se oyó siempre pura y clara la voz de Antonio Machado.

Fue un poeta, en medio de aquel dolor zumbante de todas horas. Fue un dolorido español que cantó cuando se diseminaron por el suelo en mezcla terrible, escombros y carne, arrancados por la metralla, su amargura española.

No puso su verso – ni aún en ese instante de su inspiración – un solo trozo de odio.

Su cuerpo envejecido cobijaba un alma buena y grande, que pasó siempre a través de todas las formas, buscando más hondo o más alto.

No ha mucho leíamos algunos versos suyos escritos una noche de bombardeo, en Rocafort, Valencia.

¡Pureza la suya al cantar al amanecer valenciano en día de guerra, sin tener para la guerra otro grito que una nostalgia grande!  Terminaba diciendo:

Valencia de fecundas primaveras,

de floridas almunias y arrozales,

feliz quiero cantarte, como eras,

domando a un ancho río en tus canales

al dios marino con tus albuferas,

al centauro de amor con tus rosales.

Su tristeza no es nunca abanderada; es siempre española. Canta a la muerte del niño herido en el bombardeo, en el dolor de la madre que se queda junto a la cuna, con una manita blanca, cada vez más fría, entre las suyas…

Otra vez la noche…. Es el martillo

de la fiebre en la sienes bien vendadas

del niño. – Madre, ¡el pájaro amarillo!

¡las mariposas negras y moradas!

- Duerme, hijo mío. Y la manita oprime

la madre junto al lecho. – ¡Oh flor de fuego!

¿quien ha de helarte, flor de sangre, dime?.

Hay en la pobre alcoba olor de espliego;

fuera, la oronda luna que blanquea

cúpula y torre a la ciudad sombría.

Invisible avión moscardonea.

- ¿Duermes, oh dulce flor de sangre mía?

El cristal del balcón repiquetea.

- ¡Oh, fría, fría, fría, fría, fría!

Sus obras

La producción literaria de Machado llevada al libro, podemos resumirla en la siguiente forma:

Su primer libro, “Soledades”, aparece en 1903, y lo presenta al mundo de las letras como un gran valor. Es el poeta de la mirada honda y la voz grave, buscando siempre esencias, las más últimas. A ese primer libro siguen, en lo que respecta a poesía, “Soledades, galerías y otros poemas” (1907), “Campos de Castilla” (1912), “Poesías escogidas” (1917), “Poesías completas” y “Nuevas canciones”.

En colaboración con su hermano refundió varias de las obras principales del teatro clásico y realizó otras de extraordinario valos. La última producción que conocemos, “La Lola se va a los puertos” tiene todas las características dominantes en el binomio: la frase fresca e ingénua de Manuel y el sentido hondo, escudriñador de Antonio.

Pero además de estas obras que han sido recopiladas en el libro, Machado es el escritor que produce sin interrupción.

En “Hora de España”, la revista literaria de mayor jerarquía editada hasta el presente, trata mes a mes las colaboraciones de Antonio Machado. Cada número de la revista, era esperado con ansiedad por sus lectores, que aguardaban la continuación de la Miscelánea Apócrifa de Juan de Mairena, desde la cual el poeta expresaba su pensamiento.

Todaa España, toda esa España, de la ferias y de las romerías, de las cabalgatas y los ruedos, de las ermitas y de los cortijos, toda esa España popular, en fin, que es la única cierta porque es la única que vive y que continúa se mostraba en el fondo de las reflexiones de Juan de Mairena.

Por qué era Republicano.

Hace poco una periodista, fue a visitar a Machado con el fin de reportearlo y poder brindar a los lectores de su diario, las impresiones de este magnífico representante de la culturo hispana.

Al conocer el poeta el motivo de la visita, exclamó: ¡Oh, no, por favor! ¡Qué podría decir yo de interesante? Véanlos a los  ministros, a los militares, a los obreros, a los que luchan por la libertad. ¡Yo, en cambio, he hecho tan poco en favor de la República!

- Díganos, insistió el periodista, ¿por qué esta a favor de la República?

- Por muchas causas- respondió. Yo no soy republicano de ahora, sino de toda la vida. Firmñe el manifiesto del año 1926, contra Primo de Rivera y fui, del partido Acción Republicana, con Azaña, uno de los fundadores. También soy republicano por tradición: mi abuelo y mi bisabuelo fueron anti-monárquicos. Pero la razón suprema si Uds. quieren, es que los autores del levantamiento del 19 de julio han venido a España del extranjero. Esta es la razón por excelencia; estoy a favor del gobierno legítimo, porque soy español. Unos defienden el territorio invadido, otros lo venden.

- Nadie ha ejercido ninguna presión sobre mi para que haga declaraciones en favor del gobierno. Hablo de la guerra porque es lo que me preocupa. Me han ofrecido la publicación de artículos sobre temas ajenos a la contienda, pero me he negado. ¿En qué se puede pensar, siendo español, sino en esta guerra? Lo contrario sería una locura. Nuestra vida, nuestro futuro, depende del resultado de la lucha que sostenemos.

-En estos meses de guerra se ha hecho más por la cultura que durante todos los años de la monarquía. Es que a lqas clases privilegiadas de España nunca les interesó la cultura. Defienden  únicamente intereses materiales. La cultura siempre la defiende el pueblo, que es su depositario.

-Tenemos una enorme superioridad sobre el enemigo: mucho más valor y un patriotismo más aacentuado. Que es, por otra parte, lo que ha pasado siempre en España: el patriotismo ha sido en la aristocracia una palabra y en el pueblo una verdad. En las guerras de la independencia contra los invasores, el pueblo fue el que defendió la patria. Los aristócratas, las clases ricas, como ahora, estaban con el enemigo extranjero.

Tal a grandes rasgos la personalidad literaria y política de este auténtico poeta del pueblo, tan compenetrado de sus ideales, que no pudo abandonarlo ni aún en los momentos en que como parias errantes por el mundo sus compatriotas emprendieron junto a él, el camino del destierro.

Acaba de morir, en un campo de concentración de Francia, entre millares y millares de hombres, mujeres y niños de su tierra, hambrientos y andrajosos.

En el montón, como si fuera solamente uno más, cuando en realidad era único.

La visión dolorosa de la vida en el campo de concentración: los sufrimientos soportados desde que comenzó la guerra, la fatiga de la marcha en éxodo; la visión de la patria sojuzgada; todo ello precipitó su muerte.

Su cuerpo inerme, es índice acusador de la ola de barbarie que el fascismo ha llevado a España.

Su muerte priva a España y a todas las regiones de habla castellana, de uno de los exponentes máximos de su cultura.

En esta página damos cabida a algunas de sus producciones (3), entre las cuales incluimos también las inspiradas por la guerra.”

 

Notas: (1) Evidentemente el escaso tiempo transcurrido entre la muerte de Antonio Machado, 22 de febrero de 1939 en Colliure, y la fecha de publicación de este periódico, es la causa de la errónea información sobre la muerte del poeta en un campo de concentración. Tal vez debido a que las primeras noticias que llegaron a España, a los dos o tres días del fallecimiento, así apuntaban erróneamente.

(2) A Manuel Machado le sorprendió la sublevación en Burgos, y en esta ciudad estuvo durante toda la guerra. En ella fue detenido el mismo 18 de julio de 1936, en la estación del tren, cuando intentaba regresar a Madrid. Los rápidos y buenos oficios de una cuñada que en Burgos vivía y que era monja de clausura – se llamaba Carmen y para felicitarla en el día de su santo se encontraba junto a su mujer en la ciudad castellana desde el 16 de ese mes – lo sacaron de la comisaría.  Posteriormente, en septiembre del mismo año, fue nuevamente detenido, permaneciendo  tres días en la carcel, acusado de ser “periodista del frente popular”. Esta vez fueron amigos los que consiguieron liberarle.

(3) En el artículo se reproducen poemas como: “La primavera”, “Tierras de Soria”, “El crimen fue en Granada”, “Otra vez el ayer”, “A otro Conde Don Julián”, “Soneto a España vendida” y  ”Soneto a Lister”. Igualmente se reproduce un breve artículo titulado “No quería dejar Madrid”.

 

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