Revista : La Estampa - 15 de julio de 1.933. (Pág.9 y 10). | Machado. Revista de estudios sobre una saga familiar.

Revista : La Estampa – 15 de julio de 1933. (Pág.9 y 10).

Posted By on mayo 27, 2010

“Lo primero que escribieron nuestros autores”

En este número del 15 de julio de 1933 de “La Estampa” se publicó un artículo titulado “Lo primero que escribieron nuestros autores”, en el que se entrevistan a Juan Ramón Jiménez,  Jacinto Benavente, Antonio Machado, Manuel Machado y Pedro Muñoz Seca. Transcribimos las realizadas a los hermanos Machado.

ANTONIO MACHADO. :  El es tal como lo pintó el poeta de América, que dijo en verso su gesto “misterioso y silencioso”, y de su mirada “que era tan profunda que apenas se podía ver”. Por otra parte, su pergeño fué bien retratado por él mismo: “ya conocéis mi torpe aliño indumentario”.

- Yo comencé a publicar mis versos en revistas de vida breve, que nadie recuerda ya, y que, desde luego, se han perdido completamente: Renacimiento, Juventud, Mundo Latino, Helios, Electra … Antes de todo eso, aún escribimos mi hermano y yo una revista de broma que se titulaba  La Caricatura. Esto fué en el año 1895.Entonces me firmaba yo con el seudónimo Cabellera, uno de los graciosos del teatro clásico, me parece que en una obra de Tirso de Molina, Después, ya en 1903, recogí mis versos dispersos en un volumen que se llamó Soledades. Es cuando publiqué ya en grandes revistas: España, sobre todo.

- ¿De modo que una primera página suya …?

- Es difícil que usted encuentre alguna de aquellas revistas en que comencé. Pero es lo mismo. Aquellas composiciones las recogí en Soledades. He aquí una poesía de esa primera época.

Y la leímos …

Estamos en su saloncito, lleno en los muros de obras de buena pintura, de su casa de la calle del General Arrando. Un sol tardeño ciñe la cabeza desaliñada y triste de Antonio Machado, que tiene algo de corazón, como la mascarilla de Beethoven,

La poesía se titula                                              HASTÍO

Pasan las horas de hastío

por la estancia familiar,

el pobre cuarto sombrío

donde yo empecé a soñar.


Del reloj arrinconado,

que en la penumbra clarea,

el tic-tac acompasado

odiosamente golpea.


Dice la monotonía

del agua clara al caer:

un día es como otro día,

hoy es lo mismo que ayer.


Cae la tarde. El viento agita

el parque mustio y dorado;

¡qué largamente ha llorado

toda la fronda marchita!


MANUEL MACHADO: Arrellanados en unas butacas en esta sala con retratos antiguos – uno de ellos, émulo de Esquivel, pintado por la abuela de los Machado – y en que Manuel conserva un casco de la Gran Guerra, hablamos de sus comienzos.

- Lo primero que escribí, y es algo curioso, fué en colaboración con mi hermano Antonio. Eran obras de teatro, cuyos originales no conservamos ni el ni yo. ¡Quién sabe dónde estarán! Comenzamos colaborando para el teatro, y luego dejamos correr el tiempo, cada uno embebido en su obra – tan diversa -, sin pensar en colaborar de nuevo …, hasta ahora, hará unos años, que comenzamos con Julianillo Valcárcel, La Adelfas, etc.

- ¿ De modo que una primera página de usted …?

- Muy difícil de hallar. Mi primer libro de versos, que se titulaba Alma, es de 1900. Estaba yo entonces en París. En ese volumen recogí todo lo de mi juventud, lo mejor de mis años: de los veinte a los treinta.

- ¿ Había tradición literaria en su familia de ustedes?

- Claro, claro … Mi padre, Antonio Machado, como mi hermano, fué un excelente folklorista. Tiene un volumen de folklore, que usted puede leer en la Biblioteca Nacional. Fué el primero, en España, que se ocupó del alma popular. Aunque no seguí yo esos derroteros, ello se trasluce en mi obra. También en la de Antonio …

Tras unos momentos más de animada charla me despedí del poeta. No teníamos esperanza ya de hallar nada suyo de sus primeros tiempos; pero, en la Hemeroteca Municipal, repasando la revista La vida Literaria, del año 1898, hallamos de pronto, un soneto de Manuel Machado. Al día siguiente fuimos a leérselo al poeta, en la Biblioteca del Hospicio, donde Manuel Machado trabaja, y se sonrió del hallazgo; él ni lo recordaba …    He aquí el soneto:

LO QUE DICEN LAS COSAS

Son voces sin cadencia, melodías

sin principio ni fin, suspiros, notas

que salpican al aire como gotas

de fantásticas, tenues armonías.


Son como sueños, nubes, fantasías,

visiones de humo en el ambiente rotas

por siempre vagas, para siempre ignotas,

crepúsculos de penas y alegrías.


Pero hay un canto plácido o terrible

con palabras hermosas y secretas

en las cosas que son …intraducible.


Armonía de notas incompletas

que responde a ese amor de lo imposible

de que viven y mueren los poetas.

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